lunes, 23 de febrero de 2009

Sola

Se sentía demasiado sola, completamente perdida, sin nada a que asirse en medio de aquella tarde que se hacía tan larga. El sábado había pasado todo el día en la cama, dormir era su única satisfacción cuando no tenía que ir al trabajo. Los días en que no tenía que levantarse por obligación eran demasiado largos, demasiado iguales. Hoy no tuvo trabajo, se levantó, no podía dejarse ir delante de su familia de aquella manera. Por ella no se hubiera levantado, pero aún no estaba sola, sola y sin estar sola, una manera imperfecta de soledad, tan imperfecta como era ella. Encerrarse, callarse, no pensar o intentar no pensar, sentir esa angustia, sentir esa desgana, esa era su vida. Había pensado irse a dormir pero no podía. No le apetecía leer. No había nada que esperar, todo iba a ser siempre igual. Cuando realmente estuviese sola...

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